La República Islámica de Irán es un país ubicado en Asia Occidental, con un territorio que supera los 1.600 millones de kilómetros cuadrados y una población cercana a los 100 millones de habitantes, la cual es mayoritariamente de religión musulmana chiita. Por su parte, la República Islámica de Pakistán es un país ubicado en el subcontinente indio de Asia, con un territorio que supera los 800 millones de kilómetros cuadrados y una población cercana a los 250 millones de habitantes, la cual es mayoritariamente de religión musulmana sunita.
Estos dos países islámicos comparten una frontera de 900 kilómetros, y
suman en conjunto 2.400 millones de kilómetros cuadrados, 350 millones de
habitantes y un Producto Interno Bruto que supera los 1.500 millones de
dólares. Entre ambos acumulan inmensos recursos en el campo de la energía
petrolífera, gasífera y nuclear.
En medio del contexto del conflicto entre Irán y Estados Unidos, en el que
Pakistán ha fungido como mediador en las conversaciones y acuerdos entre ambos
actores, ha surgido una alianza estratégica islámica entre ambos países
asiáticos. Irán y Pakistán han acordado impulsar los lazos de cooperación en
materia de comercio, transporte, energía y seguridad, lo que sin duda
redimensionará su papel en todo lo que es el mundo asiático.
Este es un caso muy interesante porque ejemplifica muy bien lo que
significa el reacomodo geopolítico de los espacios y territorios, tanto por los
cambios que se producen dentro de ellos, como por las relaciones que surgen
entre ellos, a partir de las potencialidades y debilidades que los
caracterizan. De ahora en adelante Irán y Pakistán hablarán como una sola voz
al momento de dirigirse, bien sea a los países del Golfo Pérsico o a India,
China, Rusia, la Unión Europea y Estados Unidos. Hablarán con base en su acceso
a mares, puertos, estrechos, tecnología y energía.
Por Alfredo Portillo

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