Finalmente Donald Trump estuvo en China, acompañado por una nutrida delegación de asesores y empresarios, donde se reunió con Xi Jinping, para tratar temas de comercio, esferas de influencia, tecnología, conflictos, rutas marítimas, entre otros. Se acordó una visita, este mismo año, del presidente de China a Estados Unidos, para seguir fortaleciendo las buenas relaciones entre ambas potencias.
Mientras tanto, a la distancia temporal la historia observa los
acontecimientos. El historiador griego Tucídides hace recordar el conflicto
entre Esparta y Atenas, entre la potencia dominante y la potencia emergente.
¿Cómo hacer para que no se desencadene un conflicto entre la potencia dominante
y la potencia emergente, si recurrentemente ha sido así a lo largo de los
siglos?
Este es el reto que tienen tanto China como Estados Unidos. Estando frente
a frente tienen que escoger entre el conflicto y la coopetencia. Ambas
potencias tienen sus objetivos claros. La una pretende mantener su prevalencia
en el ámbito mundial a través de su capacidad tecnológica y militar. La otra
avanza a través de una estrategia de cooperación con múltiples países en los
cinco continentes.
Cuando ya ha transcurrido el primer cuarto del siglo XXI, el horizonte de
tiempo marca su hito en el año 2050. Es decisión de China y Estados Unidos
llegar a ese año con un mundo en paz, o con un mundo conflictuado; con un mundo
con más desarrollo y bienestar para el resto de los países del concierto
internacional, o con un mundo plagado de crisis sistémicas. Los retos que
plantean el cambio climático, la producción de alimentos para una creciente
población mundial, las corrientes migratorias, el agotamiento de los recursos
naturales, las epidemias que diezman sin compasión, etc., obligan a China y
Estados Unidos a evitar, inexorablemente, la consumación de la Trampa de
Tucídides.
Por Alfredo Portillo
alportillo12@gmail.com

No hay comentarios.:
Publicar un comentario