lunes, 19 de octubre de 2020

El futuro de Bolivia sin Evo y Álvaro


Conocidos los resultados extraoficiales  que dan el triunfo arrollador al binomio  conformado por Luis Arce Catacora para presidente, y David Choquehuanca para vicepresidente, en las  elecciones generales realizadas en Bolivia el domingo 18 de octubre de 2020, se puede afirmar que una nueva página se abre para la sociedad boliviana, sobre todo por el difícil año que ha transcurrido, luego del desplazamiento del poder del dúo conformado por Evo Morales y Álvaro García Linera, y la instalación de un curioso gobierno de transición presidido por Jeanine Añez. 

 


La victoria de Arce-Choquehuanca significa, de hecho, que en esta nación sudamericana se ha producido un conveniente relevo del liderazgo conductor, y que, al menos en lo que es el ejercicio directo del poder, la presencia de Morales-García  ya no será decisiva. Y no es que la conducción de este último binomio no haya sido beneficiosa para la mayoría de los bolivianos, sino que  pareciera que el tiempo y los acontecimientos apuntan en el sentido de los correctivos necesarios que hay que introducir en el proyecto de desarrollo boliviano.

Los resultados electorales, en términos de la votación obtenida por Arce-Choquehuanca, hablan por sí solos. Este binomio ha logrado la victoria en la primera vuelta, con una ventaja de más de 20 puntos con relación a la segunda opción, y además, atrajo para sus arcas a los votantes del pastor evangélico Chi Hyun Chung, y a los grupos de bolivianos de clase media e indígenas que se habían alejado del proyecto del MAS-IPSP. 

El triunfo ha sido alcanzado. Queda ahora que la conducción técnica de Luis Arce, como economista exitoso, y la sabiduría de los aimaras de David Choquehuanca, hagan posible el buen vivir para la mayoría de los bolivianos, en paz y en armonía.

Por Alfredo Portillo

alportillo12@gmail.com

martes, 6 de octubre de 2020

El concepto de territorio y el conflicto entre Armenia y Azerbaiyán


Si a cualquier azerí (habitante de Azerbaiyán) se le preguntara en este momento, qué  opina del conflicto que ha recrudecido por estos días de finales de septiembre y comienzos de octubre del año  2020, entre el gobierno  de su país y el gobierno de Armenia, seguramente que opinará que la posición de su gobierno es la correcta, porque está defendiendo la integridad del  territorio azerí,  en tanto que la región en disputa, Nagorno Karabaj, históricamente ha formado parte de este último. Y esta respuesta, sin duda, que responderá a la visión que tiene la población azerí, como producto de la educación histórica y geográfica que ha recibido.

Una respuesta similar, pero en sentido contrario, seguramente que dará un armenio (habitante de Armenia), siguiendo la misma lógica del azerí anteriormente consultado, con lo cual tendríamos dos respuestas contrapuestas, emanadas de dos individuos que pertenecen a naciones-estado con identidades muy diferentes, tanto desde el punto de vista étnico, como lingüístico y religioso.


 

Lo anterior adquiere un gran significado, al momento de referirnos al concepto de territorio, en tanto que éste no tiene únicamente  una connotación físico-espacial, sino que el mismo es el resultado del conjunto de elementos que lo conforman de manera interrelacional, con lo cual, éste presenta características diferentes según el momento en el que se le analice. Es decir, un territorio, ubicado según determinadas coordenadas geográficas, analizado en 1930, tendrá la misma ubicación que  en 1990, pero, debido a los procesos que en él se han dado a lo largo de sesenta años, tendrá características diferentes en la última fecha, en comparación con las de  la primera.

Lo que ocurre en Nagorno Karabaj es algo similar a lo que ha ocurrido a lo largo de los años en los Territorios Palestinos, en la región de Sinkiang (China),  en Crimea (Rusia) y en La Araucanía (Chile), para mencionar algunos casos, en los que procesos --naturales o estimulados--  migratorios y de crecimiento demográfico, que han involucrado a  poblaciones con determinadas características étnicas, lingüísticas y religiosas, han modificado sustancialmente las características de los territorios, con implicaciones políticas y geopolíticas importantes.

Por Alfredo Portillo

alportillo12@gmail.com

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