domingo, 10 de octubre de 2021

Congo/Kivu: minerales de sangre

La República Democrática del Congo (RDC) es uno de los países del continente africano más extenso, poblado, variado desde el punto de vista etnolingüístico y rico en recursos naturales. Sus más de 100 millones de habitantes se distribuyen en un territorio de 2,3 millones de km². Al este, bordeada por las aguas del Lago Kivu, se encuentra la región de Kivu, dividida en Kivu del Norte, cuya capital es Goma, y Kivu del Sur, con Bukavu como su principal centro poblado. 

 


Este territorio, fronterizo con países como Burundi, Ruanda y Uganda, en la Región de Los Grandes Lagos, del este de África, ha sido escenario de intensos conflictos desde la década de los 90 del siglo XX, que se han traducido en millones de muertos, desplazados y refugiados, y una crisis permanente de inestabilidad política y social. La causa de estos conflictos, prolongados en el tiempo, ha sido la riqueza mineral que allí existe. Se trata de lo que Melvil Bossé ---en artículo publicado en www.diploweb.com---  ha llamado los minerales de la sangre: casiterita, coltán, diamantes, cobalto, cobre, entre otros (indispensables para los desarrollos tecnológicos más avanzados de esta época).

Categorizada por Bossé como una zona gris, en el sentido de la anarquía que se vive debido a que el gobierno-Estado central no ejerce control y soberanía sobre su territorio, Kivu, cuya extensión es de 128 mil km², es un buen ejemplo de un proceso de neocolonización y expoliación en pleno siglo XXI.

La tragedia de Kivu es analizada por Bossé desde diferentes escalas espaciales, con la participación de diferentes actores. A escala local figuran la población civil congoleña, la población refugiada venida de Ruanda y Burundi, grupos rebeldes armados, empresarios político-militares y los excavadores de los yacimientos de minerales. A escala de la región de Los Grandes Lagos aparecen las tropas militares de la RDC, Burundi, Ruanda, Uganda y Tanzania, además de traficantes de armas y contrabandistas-revendedores de minerales.

Luego, a escala continental, la zona gris de Kivu se ve influida por la lucha de poder que libran en África las potencias excoloniales europeas, y los nuevos países con vocación neocolonizadora como Estados Unidos, Israel, Rusia y China. Y a escala mundial figura la disputa por el acceso a los minerales que libran las grandes compañías multinacionales globalizadas del sector tecnológico. ¡Minerales de sangre!

 

Por Alfredo Portillo

alportillo12@gmail.com

 

sábado, 17 de julio de 2021

Sudeste Asiático: venciendo dificultades

En el contexto geopolítico mundial, al tiempo que se ha venido desarrollando el proceso de globalización, también se ha venido fortaleciendo el proceso de regionalización,   a través de la conformación de bloques de países que han optado por alianzas regionales, con el propósito de interactuar con otros bloques y, de alguna manera, hacerle frente a las grandes potencias.

Este es el caso de los países que conforman la región del Sudeste Asiático, quienes se han agrupado en lo que se conoce como la ASEAN (Association of Southeast Asian Nations), la Asociación de Naciones del Sudeste Asiático, la cual está conformada por  Brunéi, Camboya, Filipinas, Indonesia, Laos, Malasia, Myanmar, Singapur, Tailandia y Vietnam.

 


 

Estos diez países, en conjunto, tienen una superficie territorial cercana a los 5 millones  de kilómetros cuadrados y una población que supera los 600 millones de habitantes, con un PIB que ronda los 5 mil millones de dólares. Son entre sí muy disímiles desde el punto de vista cultural, religioso, etnolinguístico y de sistema político. Sin embargo, la ASEAN se presenta ante el mundo como un ejemplo de exitosa coexistencia en medio de la diversidad.

De hecho, si la ASEAN no hubiese sido creada en 1967, otro presente, menos optimista, sería  el de sus países miembros. Porque acordar una línea de acción común, y salir adelante, soportando  las presiones derivadas de las rivalidades de poder entre gigantes como India, China, Australia y Estados Unidos, no puede recibir otro calificativo que el de admirable.

Tomando las palabras finales que aparecen en el artículo “Beating the odds: How ASEAN helped Southeast Asia succeed”, escrito por Ryan Zhang, se puede decir: “En un mundo de creciente pesimismo y tribalismo, donde se le teme a lo desconocido y lo foráneo es visto con escepticismo, la ASEAN es un laboratorio de diversidad. Su éxito sostenido es crucial, porque demuestra que la coexistencia diversa, más que un impedimento, es la clave a destacar”.

Por Alfredo Portillo

alportillo12@gmail.com

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