Cuando el primer ministro Benhamin Netanyahu, o cualquier otro funcionario de gobierno, se dirigen a la población israelí, lo hacen en una lengua que para el resto del mundo es completamente desconocida. Se trata de la lengua hebrea, oficial en Israel y utilizada en la liturgia y la oración por quienes profesan la religión judía, tanto en este país de Asia Occidental, como en otros países.
Se estima que la lengua hebrea, cuyo origen se remonta a siglos de
antigüedad, es hablada por unos 12 millones de personas, y es utilizada en las
actividades económicas, administrativas, culturales, religiosas y
educativas de Israel.
Desde el punto de vista de la geopolítica, la lengua hebrea ha tenido un
papel muy significativo, ya que ha servido como elemento de identidad, cohesión
y comunicación de la población judía que ha sustentado el desarrollo del Estado
de Israel, desde su fundación en el año 1948, y del proyecto geopolítico del
sionismo
Es bueno recordar que la
lengua hebrea había dejado de usarse como lengua vernácula de los judíos en el
siglo I de la era cristiana, pero, sin embargo, a lo largo de los siglos se
conservó como la lengua de las plegarias y de lectura de los libros sagrados.
Fue gracias a Eliézer Ben Yehuda, un joven ruso que se radicó en Jerusalén a
principios de la década del 80 del siglo XIX, que la lengua hebrea llegó a ser
nuevamente utilizada por los judíos.
En torno a la lengua
hebrea es que se han construido las instituciones del Estado de Israel. En las
sinagogas, en las escuelas, en las universidades, en los cuarteles, en los
centros de recreación, etc., se lee, se habla y se escribe la lengua hebrea, tan
poco significativa desde el punto de vista cuantitativo, pero tan poderosa
desde el punto de vista cualitativo (geopolítico).
Por Alfredo Portillo

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