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martes, 23 de septiembre de 2025

Afganistán y el mundo tripolar

 Afganistán, ese país ubicado en Asia del Sur, que limita con Pakistán, Irán, Turkmenistán, Uzbekistán, Tayikistán y China, se denomina actualmente Emirato Islámico de Afganistán (EIA), nombre que le han dado los talibanes, después que este grupo insurgente islamista, en agosto del año 2021, terminó de conquistar plenamente su territorio, expulsando los remanentes de las tropas de ocupación occidentales.

Afganistán y el mundo tripolar


El triunfo de los talibanes fue celebrado ampliamente por el mundo islámico, porque, independientemente de las diferencias que existen entre las varias corrientes y escuelas del Islam, el denominador común, en los diferentes pronunciamientos y declaraciones, fue la de congratularse por la liberación del territorio afgano del dominio que, desde tiempos inmemoriales, habían impuesto los países occidentales.

Afganistán, con una población cercana a los 40 millones de habitantes, la mayoría de ella en condiciones de pobreza, es en la actualidad objeto de atención por parte de las potencias que lideran el mundo tripolar, vale decir Rusia, China y Estados Unidos, tomando en cuenta la ubicación estratégica que este territorio tiene desde el punto de vista del desarrollo de proyectos energéticos, agrícolas, comerciales y de seguridad.

En tal sentido, el pasado mes de julio Rusia reconoció formalmente al Emirato Islámico de Afganistán, en el marco de una estrategia de colaboración y desarrollo de proyectos en territorio afgano, con proyección hacia los países vecinos. Por su parte, en agosto pasado, China reafirmó su colaboración con Afganistán en el marco del gran proyecto chino de la Franja y la Ruta de la Seda, y de aumento de la seguridad regional. Y del lado de Estados Unidos, se ha puesto en la mesa de discusión el interés por parte de la potencia americana, en recuperar la base aérea de Bagram, ubicada a 60 kilómetros al norte de Kabul, y muy próxima a China. Todo esto indica que Afganistán ha pasado a ser una pieza más del ajedrez geopolítico mundial, y muy especialmente del continente asiático.

Por Alfredo Portillo *

alportillo12@gmail.com

miércoles, 9 de octubre de 2024

Irán en un punto de inflexión

La República Islámica de Irán está en estos días de octubre de 2024 en un momento de punto de inflexión, cuyo desenlace puede significar un paso hacia adelante o varios pasos hacia atrás. Porque se trata de un fuerte pulseo que está sosteniendo, desde el punto de vista militar, con la alianza Israel-Estados Unidos, en medio del creciente conflicto que tiene como epicentro a la Franja de Gaza y que se extiende a  Cisjordania, Libano, Siria, Irak y Yemen, con la posibilidad cierta de involucrar a otros países.

Irán en un punto de inflexión


Irán está jugando la carta de la disuasión con base en la capacidad de respuesta militar que está mostrando  ante la ofensiva desplegada por Israel-Estados Unidos, que amenaza con arrasar con buena parte del Medio Oriente o Asia Occidental. Si Irán logra dar respuestas disuasivas y de contención, habrá dado un paso hacia adelante, pero si es vulnerado con la destrucción de sus instalaciones petroleras y nucleares, habrá retrocedido varios pasos hacia atrás.

De la reafirmación del poder militar de Irán dependerá en buena medida la estabilidad de toda la región, tomando en cuenta la posición estratégica que este país tiene. Basta mirar un mapa para darse cuenta de las implicaciones que los acontecimientos en Irán tienen para Irak, Turquía, Armenia, Azerbaiyán, Turkmenistán,  Afganistán, Pakistán, el Mar Caspio, el Golfo Pérsico y el Golfo de Omán.

Sin duda que el hecho que representa el punto de  inflexión en que se encuentra Irán, es tal vez de lo más significativo desde el punto de vista de la dinámica geopolítica mundial. No hay otro escenario en estos momentos que convoque a una suma de esfuerzos políticos y diplomáticos para evitar que lo que está ocurriendo en torno a la República Islámica de Irán tenga un desenlace catastrófico. Tan sencillo como eso.

Por Alfredo Portillo

alportillo12@gmail.com

martes, 21 de diciembre de 2021

Afganistán y el mundo del Islam

Afganistán, ese país ubicado en Asia del Sur, que limita con Pakistán, Irán, Turkmenistán, Uzbekistán, Tayikistán y China, se denomina actualmente Emirato Islámico de Afganistán (EIA), nombre que le han dado los talibanes, después que este grupo insurgente islamista, en agosto de  este año 2021, terminó de conquistar plenamente su territorio, expulsando los remanentes de las tropas de ocupación occidentales.



El triunfo de los talibanes fue celebrado ampliamente por el mundo islámico, porque, independientemente de las diferencias que existen entre las varias corrientes y escuelas del Islam, el denominador común, en los diferentes pronunciamientos y declaraciones, ha sido congratularse por la liberación del territorio afgano del yugo que, desde tiempos inmemoriales, habían impuesto los países occidentale

Ahora, para asegurarse que el proyecto islamista de los talibanes sea encausado por la senda de la estabilidad y el bienestar de la sociedad afgana, recientemente la Organización de Cooperación Islámica (OCI), en reunión realizada en Islamabad, capital de Pakistán, acordó crear un fondo humanitario para el EIA, que será administrado por el Banco Islámico de Desarrollo (BID).

La OCI fue creada en 1969 y tiene su sede en la ciudad de Yeda, Arabia Saudita, y está integrada en la actualidad por 57 países, cuya población es mayoritariamente musulmana, en tanto que el BID, como agencia especializada de la OCI, fue fundado en 1973, y su sede también está en Yeda. El BID es en sí el brazo financiero del mundo islámico, y se encarga de fomentar el desarrollo económico y el progreso social de los países miembros y de las comunidades musulmanas. 

Esta vez le corresponde a los talibanes, formados en las madrasas (escuelas islámicas) de los deobandi, en Pakistán. El Islam pisa firme y reconquista territorio. El pulseo con occidente continúa.

Por Alfredo Portillo

lunes, 18 de enero de 2021

El difícil tránsito hacia la Unión Económica Euroasiática

La Unión Soviética fue una  unidad geopolítica que  estuvo conformada por 15 repúblicas socialistas federadas, repartidas en una extensión territorial  de 22.400.000 kilómetros cuadrados. Su disolución formal ocurrió entre marzo de 1990 y diciembre de 1991, lo que significó la independencia política de esas 15 repúblicas. 


Comenzaba entonces un nuevo proceso de cara al futuro, para, durante los siguientes años, rearmar ese rompecabezas que explotó hecho pedazos. Rusia, al mando del proceso, tenía la inmensa responsabilidad de llevar a cabo esa ciclópea tarea. ¿Cuánto se ha avanzado? Algunos datos al respecto son aportados por Philippe Conte en su artículo “De  la  CEI  à l’UEE.  Vers  une  intégration  économique  dans  l’espace  postsoviétique ? “ , recientemente publicado en www.diploweb.com.

El primer paso que se dio fue crear en 1991 la Comunidad de Estados Independientes, por parte de 11 de las 15 exrepúblicas soviéticas: Armenia, Azerbaiyán,  Bielorrusia, Kazajistán, Kirguistán, Moldavia, Rusia, Tayikistán, Turkmenistán, Ucrania y Uzbekistán. Los tres estados bálticos (Estonia, Letonia y Lituania) tomaron rumbo propio y giraron hacia Europa. Georgia, sumida en un conflicto interno, se afilió posteriormente. Como experiencia de reintegración no fue exitosa desde el punto de vista económico. Eso llevó a Bielorrusia, Rusia y Kazajistán a lanzar en 1995 una iniciativa de unión aduanera, a la  cual se afiliaron, al siguiente año,  Kirguistán, Tayikistán y Uzbekistán.

Posteriormente, en el año 2000 se conformó la Comunidad Económica Euroasiática, integrada por Bielorrusia, Kazajistán, Kirguistán, Rusia y Tayikistán, a la cual se sumó luego Uzbekistán. Este organismo estuvo en funciones hasta el año 2014. Por su parte, en paralelo, en el año 2010,  Bielorrusia, Kazajistán y Rusia crearon la Unión Aduanera Euroasiática, que derivó luego, en el año 2012, en el Espacio Económico Euroasiático, como mercado común.

A todas estas, ya con Ucrania cada vez más europeizada y distante del mundo exsoviético, por el  asunto de Crimea como una de las razones,  Bielorrusia, Kazajistán y Rusia se enfilaron hacia la conformación en el año 2015 de la Unión Económica Euroasiática, atrayendo luego  a sus predios a Armenia y Kirguistán, para llegar a comienzos de este año 2021 a representar una unidad geopolítica con una extensión de 20 millones de kilómetros cuadrados, 184 millones de habitantes y un PIB de 1.882 millones de dólares, para rivalizar, y para cooperar al mismo tiempo, con la Unión Europea y con China, para construir el mundo euroasiático del futuro.

Por Alfredo Portillo

alportillo12@gmail.com

 

 

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