Leí la noticia según la cual, la Casa Blanca ha publicado una serie de videojuegos relacionados con las acciones que lleva adelante el gobierno de Estados Unidos, para expulsar de su territorio a los inmigrantes ilegales. Dichos juegos van desde cómo construir un muro en la frontera con México, hasta cuántos haitianos pueden ser capturados y encadenados.
Esto que está ocurriendo en Estados Unidos, que perfectamente puede ser definido como la ola antiinmigrante, está siendo imitado por otros países, tanto en Europa, como en África, Asia y América Latina, lo cual está sirviendo también para que movimientos políticos emergentes se apoyen en un discurso antiinmigrante, a fin de ganar adeptos.
Por eso es que a menudo llegan noticias en ese sentido provenientes de países tan disímiles como Inglaterra, España, Suecia, Hungría, Japón, Chile, Colombia o Sudáfrica. La ola antiinmigrante se ha venido apoderando de gobiernos que temen que los niveles de bienestar de sus sociedades se vean afectados, por eso que han dado en llamar las “hordas de inmigrantes”, o incluso, las “hordas de indeseables”.
Sin duda que esto plantea un gran reto para la comunidad internacional y para los organismos internacionales que velan por los derechos humanos de los migrantes, desplazados y refugiados. Resulta extremadamente peligroso que se consolide una tendencia hacia querer cerrarle las puertas a todos aquellos que acuden a pedir ayuda, porque el mundo todo, la humanidad toda, están surcados por manifestaciones de desigualdad, pobreza, conflictos bélicos, crisis climática, crimen organizado y eventos sísmicos recurrentes. Por eso es que taparse los ojos, no es lo más aconsejable.
Por Alfredo Portillo
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