lunes, 1 de noviembre de 2021

El futuro de Afganistán

A finales de octubre de este año 2021 reapareció en Kandahar, al sureste de Afganistán, el líder supremo de los talibanes, el jeque Hibatullah Akhundzada, más de dos meses después de la toma de Kabul y la conquista del poder por parte de este grupo insurgente islámico, con lo cual se reafirma el triunfo  del Islam a expensas de las fuerzas de intervención europeas y estadounidenses.

 


Dada la ubicación estratégica que tiene este país, ahora llamado Emirato Islámico de Afganistán, el cual tiene fronteras con Irán, Turkmenistán, Uzbekistán, Tayikistán, China y Pakistán, y con una población cercana a los 40 millones de habitantes, la mayoría de ella en condiciones de pobreza, ha llevado a las potencias occidentales, a Rusia, a China, a los países del Golfo Pérsico y a la Organización de Naciones Unidas, a unir esfuerzos en procura de lograr su estabilidad, para evitar que se convierta en un torbellino impredecible.

Este es un buen ejemplo de lo que significa la imposición de una visión geopolítica por parte de un grupo humano en un territorio  determinado, a partir del conjunto de ideas que en materia de sistema de gobierno, religión, economía y cultura, dieron lugar a la concepción de un proyecto político-religioso que, habiendo tomado el poder en la década de los 90 del siglo XX, fue derrotado, para luego replegarse y, veinte años después, regresar triunfante.

Se podría decir, sin ánimo de exagerar, que a todos les interesa la estabilidad de Afganistán. Ya bajo la égida del Islam, tanto sunitas como  chiitas ven  al territorio afgano como un escenario donde florecerá la palabra del Corán. Rusia por su parte, al igual que China, quiere un Afganistán estable para garantizar a su vez la estabilidad de países como Turkmenistán, Uzbekistán y Tayikistán. Y  países como Alemania, Francia, Reino Unido y Estados Unidos, comienzan a ver el ahora Emirato Islámico de Afganistán como un futuro proveedor de materias primas minerales y como una posibilidad para el desarrollo de proyectos de infraestructura. No es el fin de la historia.

Por Alfredo Portillo

alportillo12@gmail.com

domingo, 10 de octubre de 2021

Congo/Kivu: minerales de sangre

La República Democrática del Congo (RDC) es uno de los países del continente africano más extenso, poblado, variado desde el punto de vista etnolingüístico y rico en recursos naturales. Sus más de 100 millones de habitantes se distribuyen en un territorio de 2,3 millones de km². Al este, bordeada por las aguas del Lago Kivu, se encuentra la región de Kivu, dividida en Kivu del Norte, cuya capital es Goma, y Kivu del Sur, con Bukavu como su principal centro poblado. 

 


Este territorio, fronterizo con países como Burundi, Ruanda y Uganda, en la Región de Los Grandes Lagos, del este de África, ha sido escenario de intensos conflictos desde la década de los 90 del siglo XX, que se han traducido en millones de muertos, desplazados y refugiados, y una crisis permanente de inestabilidad política y social. La causa de estos conflictos, prolongados en el tiempo, ha sido la riqueza mineral que allí existe. Se trata de lo que Melvil Bossé ---en artículo publicado en www.diploweb.com---  ha llamado los minerales de la sangre: casiterita, coltán, diamantes, cobalto, cobre, entre otros (indispensables para los desarrollos tecnológicos más avanzados de esta época).

Categorizada por Bossé como una zona gris, en el sentido de la anarquía que se vive debido a que el gobierno-Estado central no ejerce control y soberanía sobre su territorio, Kivu, cuya extensión es de 128 mil km², es un buen ejemplo de un proceso de neocolonización y expoliación en pleno siglo XXI.

La tragedia de Kivu es analizada por Bossé desde diferentes escalas espaciales, con la participación de diferentes actores. A escala local figuran la población civil congoleña, la población refugiada venida de Ruanda y Burundi, grupos rebeldes armados, empresarios político-militares y los excavadores de los yacimientos de minerales. A escala de la región de Los Grandes Lagos aparecen las tropas militares de la RDC, Burundi, Ruanda, Uganda y Tanzania, además de traficantes de armas y contrabandistas-revendedores de minerales.

Luego, a escala continental, la zona gris de Kivu se ve influida por la lucha de poder que libran en África las potencias excoloniales europeas, y los nuevos países con vocación neocolonizadora como Estados Unidos, Israel, Rusia y China. Y a escala mundial figura la disputa por el acceso a los minerales que libran las grandes compañías multinacionales globalizadas del sector tecnológico. ¡Minerales de sangre!

 

Por Alfredo Portillo

alportillo12@gmail.com

 

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