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martes, 18 de febrero de 2025

Un mundo en transición

 La transición es, de manera general, el cambio significativo que en un período de tiempo determinado se produce en una realidad, como resultado de procesos de cambio en los elementos que componen dicha realidad. Se tiene entonces una nueva realidad.

Un mundo en transición


La transición geopolítica, haciendo comparación con el párrafo anterior, viene a ser el cambio significativo que se produce en el contexto de las rivalidades de poder en los territorios, a diferentes escalas, desde la microescala (aldea) hasta la macroescala (continente-mundo).

En estos días que corren, del primer trimestre del año 2025, se comienzan a ver los primeros rasgos de una nueva realidad geopolítica. El resultado de un proceso de transición que se ha venido dando en diferentes lugares del mundo, se está reflejando en un nuevo mapa, con cambios en los protagonistas principales.

La Europa que se lanzó a la conquista del resto del mundo, que logró someterlo y reconfigurarlo, está cediendo paso, para desempeñar ahora, roles secundarios. Nuevos actores se suben al escenario para vocear sus parlamentos, con fuerza y estridencia.

El continente africano, con sus 54 Estados independientes, y sus ya más de 1.500 millones de habitantes, con sus economías en desarrollo que han dado importantes pasos, se presenta, en buena medida, como el mundo del futuro. Lo mismo vale para el mundo árabe-persa musulmán del Medio Oriente, rico en recursos energéticos.

Y qué decir de la India, Pakistán y Bangladesh, entremezclados en el hinduismo y el islamismo, que en conjunto alcanzan ya los 2.000 millones de habitantes; o todo ese mosaico etno-lingüístico que constituye el sudeste asiático, con Indonesia a la cabeza.

En fin, un mundo en transición que se reconfigura en múltiples polos, que estira los brazos para sostenerse los unos a otros, para forjar el equilibrio y no caer en el abismo.

 

Por Alfredo Portillo

alportillo12@gmail.com

domingo, 14 de enero de 2024

Los rohinyás: los palestinos del Sudeste Asiático

En diciembre pasado, en medio del furor de  los días navideños, una noticia daba cuenta de las protestas en Indonesia, en rechazo a la llegada de refugiados de la etnia rohinyá, a una isla de este país del sudeste asiático. Meses atrás, en el transcurrir del año 2023, otra noticia describía el desastroso impacto que había causado el ciclón Mocha, sobre los miembros de la etnia rohinyá asentados en  el  estado de Rakéin, en Myanmar (Birmania). Y por si fuera poco, en los primeros días de enero de este año 2024, un incendio arrasó con más de mil refugios donde vivían rohinyás, al sudeste de Bangladesh.

Los rohinyás los palestinos del Sudeste Asiático


Esta serie de vicisitudes que durante la última década ha caracterizado la existencia de los rohinyás, da una idea del precario estado en que se encuentra esta étnia bengalí y musulmana,  víctima del realismo geopolítico que practican los diferentes Estados que se han visto salpicados por el drama rohinyá. Razones de carácter demográfico, religioso, étnico y de identidad, se han conjugado para que los rohinyás sean rechazados por todos y en todas partes.

Rechazados por sus hermanos étnicos y religiosos de Pakistán; rechazados por Bangladesh; rechazados y perseguidos por las autoridades políticas y militares de Myanmar (Birmania), con la venia de los monjes budistas, en nombre de la pureza birmana; rechazados por los países musulmanes a donde han tenido que huir y refugiarse, sea en Arabia Saudita, Malasia o Indonesia.

El caso de los rohinyás es similar al de los palestinos, o al de los kurdos, o al de los uigures. Están en medio del fuego cruzado de los intereses de naciones y Estados, que no tienen espacio ya para hacer un huequito donde puedan encajar. Ya estamos completos, dicen, ya no queremos a más nadie.

Por Alfredo Portillo

alportillo12@gmail.com

miércoles, 25 de mayo de 2022

Crisis Alimentaria Global

El conocido analista mexicano  Alfredo Jalife Rahme, en su canal Radar Geopolítico, hace un análisis de la crisis alimentaria global que está en curso, como producto de la confluencia de varios factores, entre los que destacan: la afectación de las cadenas de distribución debido a la pandemia del Covid-19, la inflación alimentaria, el aumento de los precios del petróleo y el gas, las sequías en Brasil y en las planicies de Estados Unidos, las inundaciones en China y la crisis en Ucrania.

El impacto a nivel global se está haciendo evidente, especialmente en países del Medio Oriente, Asia Central, Sudeste Asiático, América Latina  y África, por su acentuada dependencia de las importaciones de granos como maíz, trigo, soya y arroz, algo que se traducirá en hambrunas y conflictos sociales.


Destaca el impacto que está teniendo en Brasil la dificultad para acceder a los fertilizantes, lo que puede afectar su producción de soya, la más importante en el mundo. Impacto similar en cuanto a los fertilizantes se está viendo en China. Y por supuesto que como mexicano Jalife Rahme lamenta la dependencia de México de las importaciones de maíz y frijol,  para alimentar a una población de 122 millones de habitantes, de los cuales al menos 95 millones viven en condiciones de pobreza.

No deja de sorprender a Jalife Rahme el hecho que, tanto Emmanuel Macron, presidente de Francia, como Xi Jinping, presidente de China, estén hablando en el mismo lenguaje al referirse al tema alimentario. Ambos están utilizando términos como soberanía alimentaria, independencia alimentaria, semillas nacionales, reservas de fertilizantes, etc. Algo que lo lleva a concluir que la soberanía alimentaria es un asunto de seguridad nacional, y en tal sentido considera que la misma debe formar parte de la agenda de los diferentes gobiernos, más allá de las diferencias ideológicas, algo ya superado, porque lo que está vigente  es la geopolítica pura.

Por Alfredo Portillo

alportillo12@gmail.com

sábado, 9 de agosto de 2014

Geopolítica forestal

En la revista Nueva Sociedad, Nº 223 (sep-oct 2009), aparece un artículo escrito por Raquel Alvarado, titulado “La expansión forestal en el Cono Sur”, a través del cual se explica el fenómeno del crecimiento de la actividad forestal en países como Argentina, Brasil, Chile y Uruguay, considerando aspectos como las políticas públicas forestales, geopolítica forestal, los intereses transnacionales y las transformaciones territoriales.
Geopolítica forestal


La autora considera que la expansión forestal en esa región de América Latina, a partir de la explotación con fines comerciales de plantaciones de pino y eucalipto, es el resultado de la existencia de políticas públicas favorecedoras del sector forestal, que datan de comienzos del siglo XX, y de la implementación de una geopolítica forestal diseñada por las grandes empresas de pulpa y papel de los países del Norte, para imponer sobre el mundo en desarrollo un modelo de actividad forestal que permita satisfacer su demanda.
Se estima que el crecimiento sostenido de la demanda de papel alcanzó para el año 2004 los 350 millones de toneladas anuales y que para el año 2020 estará cerca de los 600 millones de toneladas. Los requerimientos de celulosa para papel llevaron a las grandes empresas forestales del mundo desarrollado a expandirse en el Tercer Mundo, privilegiando tres regiones: el Sudeste de Asia, América Central y el Cono Sur. Estas regiones ofrecían varias ventajas para la actividad forestal: condiciones
ambientales favorables al crecimiento rápido de los árboles, abundancia de agua, bajos costos de la tierra, bajo costo de la mano de obra e inexistencia o inobservancia de leyes laborales en el medio rural.
La expansión forestal en el Cono Sur se ha traducido en las siguientes cifras: Brasil ocupa el cuarto lugar mundial en la producción de todos los tipos de celulosa y el primer lugar en celulosa de fibra corta de eucalipto; el sector forestal chileno representa el 4% del PIB y ha crecido a razón de 10% anual en los últimos 15 años; en Argentina existen más de un millón de hectáreas plantadas de pino y eucalipto y las exportaciones de productos forestales han crecido en forma significativa
en los últimos años; la superficie forestada en Uruguay alcanza en la actualidad unas 800.000 hectáreas, lo que representa 25% de los suelos de prioridad forestal.
Los conflictos entre empresas y comunidades locales derivados de la expansión forestal en el Cono Sur, han ido desde simples polémicas a través de los medios de comunicación y foros de discusión pública, hasta enfrentamientos con instancias judiciales y violentos desenlaces. Muchas comunidades indígenas han visto mermados sus medios de subsistencia y algunas han reaccionado violentamente, quemando plantaciones forestales, como es el caso de las comunidades mapuches del sur de Chile. Una manifestación más de la geopolítica, es decir, de las rivalidades de poder en el territorio.

Por Alfredo Portillo.

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