martes, 18 de abril de 2023

Venezuela: el frágil modelo de salud hospitalaria

Recientemente leí una cifra suministrada por la Organización Panamericana de la Salud, según la cual, las personas  que acuden a los hospitales  de las principales ciudades de Venezuela, deben cubrir por lo menos el 75 % del costo de los insumos médicos que se utilizan durante su atención.



Esto sin duda que revela la extrema precariedad del servicio de salud pública en Venezuela, durante estos tiempos que transcurren del año 2023, tomando en cuenta los bajos ingresos que percibe la mayoría de la población venezolana, y los elevados precios en dólares de los insumos médicos.

Bien es sabido que una de las variables más importantes a la hora de evaluar el potencial de la población de un país, es precisamente su estado de salud, ya que hay una relación directa entre este último y su capacidad productiva en términos económicos. No por casualidad un país superpoblado como China extremó las medidas de protección de su población durante los meses críticos de la pandemia del Covid-19.

Como parte de la crisis sistémica que atraviesa Venezuela, desde hace ya unos cuantos años, está la crisis en materia de salud. Y no deja de llamar la atención una suerte de modelo de salud hospitalaria que se ha venido consolidando, el cual funciona más o menos de la siguiente manera: las personas acuden a los hospitales en espera de ser atendidas, y si son aceptadas e ingresadas con estatus de pacientes, se les informa de los insumos médicos que deben  adquirir para poder ser atendidos. Los insumos médicos y exámenes son accesibles a los pacientes, en precios dolarizados, a través de una red de farmacias y laboratorios que se han establecido en los alrededores de los hospitales.

La pregunta que hay que plantearse en estos momentos, es si las autoridades de salud de Venezuela están de acuerdo con este modelo de salud hospitalaria, o si tienen al menos un plan para, en la medida de las posibilidades, ir aumentando progresivamente los insumos médicos que los hospitales deben suministrar a los pacientes. De no concretarse esto último, la salud de los venezolanos penderá cada vez más de un hilo.

Por Alfredo Portillo

alportillo12@gmail.com

miércoles, 29 de marzo de 2023

EL ascenso de las lenguas africanas

Se estima que en el mundo hay unas 6.800 lenguas, de las cuales 2.050, aproximadamente el 30%, se hablan en África.  Esto da una idea inicial de lo compleja que es la realidad lingüística de este continente. Sorprende leer, por ejemplo, que en Camerún hay 280 lenguas,  en Costa de Marfil 70, en Senegal 35 y en Etiopía 80.  Las lenguas africanas han sido clasificadas y agrupadas en siete familias linguísticas: camitosemítica o afroasiática, nilosahariana, nigerocongoleña, bantu, khoisan, kordofana y austronesia.

 

El  ascenso de las lenguas africanas

Ahora bien, junto a las lenguas africanas propiamente, existen las llamadas lenguas indoeuropeas coloniales y oficiales, las cuales son utilizadas en actividades educativas, económicas y administrativas. El francés es lengua oficial en 22 países y el inglés en 21, mientras que el portugués es oficial en 5 países y el español en 1. La característica de lengua oficial es también atribuida al árabe (10 países), afrikaans (1), kirundi (1), kinyarwanda (1), tigrina (1), swati (1), shona (1), somali (1), amarico (1), sango (1), sotho (1), malgache (1), creole caboverdiano (1), creole de Seychelles (1) y swahili (2). Hay países donde incluso hay hasta tres lenguas oficiales, como son los casos de Comores, Madagascar, Ruanda y Seychelles.

Un aspecto que se debe destacar es el fortalecimiento que han experimentado algunas lenguas africanas, especialmente durante lo que va del siglo XXI, como producto de políticas lingüísticas implementadas por los gobiernos de diferentes países africanos. Entre ellas destacan el swahili en Tanzania, Kenya y Uganda, el sango en la República Centroafricana, el chichewa en Malawi, el amarico en Etiopía, el duala en Camerún, el wolof en Senegal, el kirundi en Burundi, el somali en Somalia, el hausa en Nigeria y Níger y el tigrina en Eritrea. 

Esto forma parte de un proceso de descolonización cultural y de reafirmación de lo africano, que sin duda tendrá importantes implicaciones de carácter geopolítico.

 

Por Alfredo Portillo

alportillo12@gmail.com

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