jueves, 11 de abril de 2019

Migración y Movimiento Identitario


A raíz del atentado terrorista que el pasado mes de marzo perpetró Brenton Tarrant contra la comunidad musulmana, en Christchurch (Nueva Zelanda), con un saldo de 50 muertos y más de 100 heridos, se ha reavivado el debate sobre la proyección que ha tenido la difusión de las ideas del llamado Movimiento Identitario, el cual ha venido calando entre la población del llamado mundo blanco, vale decir, Estados Unidos, Europa (incluida la Rusia europea),  Australia y Nueva Zelanda.

Migración y Movimiento Identitario


El caso es que Tarrant, previo al atentado, difundió un manifiesto titulado “El gran reemplazo”  ---el mismo título del libro escrito por Renaud Camus---, a través del cual justificaba su acción y abundaba en argumentos contrarios a la inmigración de musulmanes, algo similar a lo que ha venido ocurriendo en Europa y Estados Unidos.

Este es un fenómeno que seguramente, en los próximos años,  recibirá aún más la atención por parte del mundo académico y de los medios de comunicación, toda vez que se presenta como una suerte de escudo ideológico y político que el mundo blanco ha venido construyendo, al calor de las ideas de pensadores como Alain de Benoist, Pierre Vial y Guillaume Faye, entre otros, quienes plantean la necesidad de ir a  la búsqueda del rescate de la identidad blanca y contra  la avasallante inmigración de los pobladores de los mundos indígena, amarillo y negro.

Sin duda que ésta es una situación geopolítica a la que se le podría dar el calificativo de “bumerán de la historia”, ya que, el mundo blanco está viendo cómo, los mundos que durante siglos conquistaron y saquearon, incorporándolos al liberalismo económico y a la globalización, por una razón demográfica, han pasado a ser la mayor parte del mundo todo, y sus habitantes, se encuentran en una marcha indetenible hacia la conquista de los territorios de la otra parte del mundo, el mundo blanco, para lo cual, el identitarismo, los movimientos políticos anti-inmigración, los atentados terroristas, la discriminación racista, las cercas metálicas  y los muros de concreto, serán insuficientes para detener el   mundo del futuro, un mundo multiétnico y multicultural, un mundo matizado.

Por Alfredo Portillo
alportillo@ula.ve

martes, 19 de marzo de 2019

Apagón en Venezuela: las dos versiones son pesimistas


Del evento de suspensión generalizada del suministro de energía eléctrica que ocurrió en Venezuela el pasado 7 de marzo, y que se prolongó por varios días, hay dos versiones principales. La primera, difundida y explicada por el gobierno que preside Nicolás Maduro, establece que se trató de un ciberataque contra el sistema eléctrico venezolano dirigido desde Estados Unidos. La segunda, dada a conocer por voceros de la oposición política venezolana, señala que tan gigantesca falla se debió al colapso del sistema eléctrico venezolano por falta de mantenimiento y actualización.

La versión con la cual se muestra de acuerdo el común de las personas, pareciera depender de la identificación política que se tenga con alguno de los dos voceros.


Apagón en Venezuela: las dos versiones son pesimistas



Ahora bien, si se analizan las explicaciones que se dan de las dos versiones, es fácil concluir que ambas proyectan a futuro un gran pesimismo. La primera, ubicada en el contexto geopolítico de Venezuela y las amenazas provenientes de Estados Unidos, indica que, el ciberataque es solamente  una acción más de la cadena de acciones de guerra que ha sido lanzadas contra nuestro país en el pasado y que serán lanzadas en el futuro. Así que, si lo que dice el gobierno nacional es cierto, entonces algo peor a lo del apagón podría ocurrir.

La segunda versión, contextualizada también política y geopolíticamente, coloca a Venezuela ante la posibilidad cierta de que un apagón similar pueda ocurrir en los tiempos por venir, debido a que la demanda de energía eléctrica es mayor que la oferta, por lo cual el sistema eléctrico nacional, al ser exigido a su máxima capacidad, tendería a colapsar. Esto coloca a la sociedad venezolana en un nivel de vulnerabilidad máxima, ante lo cual, la capacidad de respuesta puede ser limitada. Esto nos coloca, a los venezolanos, en condiciones iguales, los unos y los otros.

Por Alfredo Portillo

alportillo@ula.ve

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